DE FONDO, LA PALABRA
Van a cumplirse cinco años desde que, en diciembre de 2006, comenzamos con ilusión este "atrevimiento" de relanzar el BoletínVE en este sexenio por internet, queriendo abrir un espacio de comunicación para todas y, en equipo, ofrecer y compartir nuestras experiencias y palabras hermanas.
A mí me tocaron las "palabras de fondo". Quienes entienden bien de esto me dijeron que tendrían que parecerse, salvadas todas las diferencias, a lo que es el editorial en un periódico o revista, que refleja la línea ideológica y la postura sobre el asunto en cuestión. Y a eso me comprometí, teniendo de fondo, la Palabra. Y escuché también -palabra hermana- que la autoridad la tenían el Espíritu y la Palabra.
Me han salido siempre muchas, muchas palabras, y quien las transcribe al Boletín me ha sufrido mes a mes estas desmesuras. Yo misma he tenido que renunciar muchas veces a las conexiones que, unas con otras, van encontrando en mí las palabras, como voz interior, a raíz de las experiencias vividas, de las palabras prestadas, y en razón de los objetivos deseados. He tenido yo también mi Sardá y Salvany que me ha ayudado, como D. Félix a Enrique de Ossó, a cortar si conviene y, como Enrique, a recibir la censura con agradecimiento; al límite en el tiempo, casi siempre también… "envíelo prontito… debía refundirse, pero no hay tiempo" (Cartas de Enrique de Ossó a D. Félix Sardá y Salvany, p.41-44).
Ha sido preciosa la andadura que, entre todas, paso a paso y reconociéndonos por este medio cada vez más grande "la Familia" -a fuerza de invitar y de acoger la invitación a participar-, ha llenado nuestro caminar de narraciones ricas en diversidad y expresión de las búsquedas y respuestas a partir de los desafíos que nos interpelan en cada contexto (art. 3), mientras vamos discerniendo el modo más significativo de ser memoria viviente de Jesús (art. 45).
¡Cómo agradezco tantas palabras que aquí se han encontrado, y siempre la Palabra que, encarnada, como en el camino de Emaús, nos sale al encuentro, se acerca y se ha ido haciendo sitio en medio de la vida nuestra, de nuestros diálogos y discusiones, con ojos que no han reconocido muchas veces que, de fondo, la Palabra siempre nos acompaña y nos ayuda a narrar las cosas que estos días han pasado en Jerusalén, que esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel, que las mujeres decían que él vivía, pero no le vieron, hasta que les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras y le reconocieron cuando se puso a la mesa con ellos! (Cfr. Lc 24, 13-35).
"Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo le habían reconocido en la fracción del pan". Nosotras, queriendo dejarnos interpelar por la Palabra, que nos enseña a hacer una lectura creyente de la vida (art. 40), hemos ido contando también los encuentros que han abierto nuestros ojos y han hecho arder nuestro corazón.
Con estas palabras de fondo, al final de nuestro sexenio, reconocemos y agradecemos desde aquí también las palabras que el Espíritu nos ha dado al hilo de la Palabra de Jesús, -siempre de fondo la Palabra-, que nos convoca como comunidad de discípulas al banquete del Reino para compartir la mesa con los más desfavorecidos y excluidos, acoger la fragilidad y lo diferente, en lo pequeño de nuestras comunidades y más allá de nuestras fronteras y culturas… Todavía queda sitio en la mesa del carisma para compartir y desplegar su fuerza. (Cfr. Doc. XVI Capítulo General). María, mujer creyente, comprometida con la historia y oyente de la Palabra, acompaña nuestro camino cotidiano de fidelidad al Dios de la vida (art. 67).
Isabel del Valle
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