ALGUNAS BRASAS
"El mundo va envejeciendo, y bajo el peso de sus pecados e ingratitudes se extingue la luz de la fe y se ahoga la llama del amor. Dios, que ha hecho sanables las naciones, ha dejado en su seno gérmenes de vida y restauración. Algunas brasas del fuego divino ocultas bajo la capa de ceniza esperan que un soplo poderoso las avive, que una mano acerque combustible. ¿Dónde está esa mano?, ¿dónde ese soplo?, ¿quién renovará esos carbones, que van apagándose, hasta arrancarles chispas que recorran la tierra y encender llamas que al cielo lleguen?" ( Enrique de Ossó, Llamamiento a las jóvenes de Tortosa, 1873).
Escuché el otro día en una parroquia, después de algún tiempo, estas palabras de San Enrique a unas jóvenes de su tiempo y de su tierra, y me lo imaginé a él -sus ojos, su rostro y toda su atención de niño- pendiente de su madre, al encender cada mañana el fuego del hogar. Y recordé así también a la mía, en esta misma faena, acompañándola con sus palabras, como asegurándose de transmitir bien la lección:
La candela nueva se enciende sólo una vez.
Hay que moverla y soplar, porque si no se mueve, las cenizas la van apagando
Por eso hay que quitar cada mañana la ceniza
De ahí sale la candela que estaba debajo, cubierta por la ceniza
Se echa alrededor el cisco, de jara, nuevo
Y se va encendiendo solo, uno junto al otro, dándole tiempo
Si tienes cuidado, con la misma candela se van encendiendo las demás cada día…
Y parece que también la Santa había contemplado muchas veces lo que pasa con esa centellica que hay que cuidar que no se apague, soplando, y que ella aplica a la oración: "Es una centellica que comienza el Señor a encender en el alma del verdadero amor suyo… Esta centellica puesta por Dios, por pequeñita que es, y si no la mata por su culpa, ésta es la que comienza a encender el gran fuego que echa llamas de sí, del grandísimo amor de Dios. (Teresa de Jesús, Vida 15, 1.4)
"Es esta centella una señal o prenda que da Dios… Es gran don. Querríalas mucho avisar que miren no escondan el talento, pues que parece las quiere Dios escoger para provecho de otras muchas, en especial en estos tiempos que son menester amigos fuertes de Dios para sustentar los flacos… y más hacen aquí al caso unas pajitas puestas con humildad… y más le ayudan a encender, que no mucha leña junta de razones muy doctas, a nuestro parecer, que la ahogarán". (V15, 5.7)
"Acoger lo nuevo requiere promoverlo. Prestarse a la labor de renovación del Espíritu en nuestro tiempo… vivir con dignidad, en simplicidad, en gozo. Si vivimos en ese realismo confiado, podemos constituir pequeñas células de búsqueda y esperanza vivas. Y ése será nuestro máximo servicio al mundo de hoy y al reino de Dios. Y ésa sería la mejor forma de reavivar "el fuego de estas cenizas" (J. Arregui, ofm).
Acoger y promover, no esconder el talento, avivar las cenizas con un soplo o una mano, encender la candela quitando las cenizas, renovando los carbones y que pase el fuego de unos a otros…
Aquel día en la parroquia, cuando celebrábamos San Enrique, terminaba deseándonos el sacerdote que fuéramos pirómanos del evangelio. No fue menos provocativa la expresión de Jesús que luego vivió y nos dedicó el corazón apasionado de Enrique: "Fuego he venido a traer a la tierra y ojalá estuviera ya ardiendo" (Lc 12,49) ¿Seremos de esas brasas encendidas? "A quien mucho se le dio mucho se le pedirá; a quien mucho se le confió mucho más se le exigirá" (Lc12,48).
Isabel del Valle
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